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Las Emociones

Las emociones son respuestas psicológicas y fisiológicas que representan fenómenos psicobiológicos y energéticos. Estas surgen en reacción a estímulos percibidos, involucrando tanto cambios internos en el estado emocional como respuestas físicas observables. Involucran experiencias subjetivas, cambios fisiológicos y tendencias a actuar de cierta manera, influyendo en la percepción y el comportamiento. Estas reacciones son esenciales para la adaptación y supervivencia, afectando profundamente la percepción y el comportamiento de los individuos.
Las emociones juegan un papel crucial en nuestras vidas, influyendo en cómo percibimos el mundo y cómo interactuamos con los demás. Actúan como una brújula interna, guiándonos hacia lo que nos parece beneficioso y alejándonos de lo que percibimos como perjudicial. Estas experiencias emocionales son esenciales para la supervivencia, ya que nos permiten responder rápidamente a las situaciones que enfrentamos en el entorno, adaptando nuestras respuestas para maximizar la eficacia. A continuación, exploraremos cómo se pueden agrupar estas emociones básicas en categorías más amplias y cómo cada una afecta nuestro comportamiento y nuestras decisiones diarias.
Las emociones primarias también se conocen como emociones básicas, y son las emociones que experimentamos en respuesta a un estímulo. Para Paul Ekman (psicólogo), las emociones básicas son 6: tristeza, felicidad, sorpresa, asco, miedo e ira. Todas ellas constituyen procesos de adaptación y, en teoría, existen en todos los seres humanos, independientemente de la cultura en la que se hayan desarrollado.
Felicidad: surge de experiencias, expectativas o pensamientos positivos y es placentera. Se asocia con la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, y se manifiesta a través de la risa, la sonrisa y el entusiasmo.
Tristeza: ocurre en respuesta a una experiencia de pérdida, sufrimiento o frustración. Puede provocar llanto, desgana y una disminución de la energía. La tristeza puede ayudar a una persona a adaptarse a circunstancias significativas de cambio o pérdida.
Ira: se desencadena por la percepción de un agravio o amenaza. Puede llevar a comportamientos como el fruncir el ceño, gritar o discutir. La ira puede ser útil para afrontar situaciones de injusticia o para motivar la solución de problemas.
Miedo: Reacción a la anticipación de una amenaza o peligro. Esta emoción ayuda a preparar al organismo para huir o luchar, y puede manifestarse a través de la ansiedad, el aumento de la frecuencia cardíaca y la agitación.
Asco: surge como respuesta a algo considerado desagradable o repulsivo. Esta puede incluir expresiones faciales de rechazo y una tendencia a alejarse del objeto o situación que provoca el disgusto. Ayuda a evitar cosas que podrían ser perjudiciales o peligrosas.
Sorpresa: se produce ante algo inesperado y suele ser breve. Puede ser positiva o negativa y generalmente causa una respuesta rápida, como un susto o un grito, dependiendo de la naturaleza del estímulo sorpresivo. 
Sin embargo, recientemente, una investigación llevada a cabo por la Universidad de Glasgow, que se publicó en Science Daily, concluye que no son seis las emociones básicas, sino que son cuatro. Los investigadores descubrieron que las seis emociones básicas tradicionales—ira, disgusto, miedo, felicidad, tristeza y sorpresa—pueden ser mejor categorizadas en cuatro emociones básicas basadas en dos expresiones principales al inicio del proceso de señalización. Estas se identifican como dos categorías: una que combina la ira y el disgusto, y otra que mezcla el miedo y la sorpresa. El estudio sugiere que las emociones evolucionan a lo largo del tiempo desde estas categorías básicas hacia emociones más complejas.
La Dra. Rachael Jack explica que sus hallazgos sugieren una reestructuración de las emociones básicas donde las distinciones entre ciertas emociones como el miedo y la sorpresa o la ira y el disgusto no son inicialmente claras. Estas emociones se categorizan en grupos más amplios que ella describe como ‘acercamiento’ y ‘evitación’. Las emociones de ‘acercamiento’ están vinculadas a una necesidad biológica de enfrentar desafíos u oportunidades, mientras que las emociones de ‘evitación’ están asociadas con una respuesta biológica a amenazas potenciales.
 

Categorías de las emociones:

Las emociones positivas también se conocen como emociones saludables, porque afectan positivamente al bienestar del individuo que las siente. Favorecen la manera de pensar, de razonar y de actuar de las personas.
Las emociones negativas son opuestas a las emociones positivas, porque afectan negativamente al bienestar de las personas. También se conocen como emociones tóxicas, y suelen provocar el deseo de evitarlas o evadirlas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que este tipo de emociones, en pequeñas cantidades y relativa baja intensidad, no son perjudiciales. De hecho, forman parte del proceso de aprendizaje, ya que gracias a ellas nuestra memoria emocional nos ayuda a recordar las consecuencias que tienen ciertas conductas (o exponernos a ciertos contextos).
Las emociones ambiguas se conocen también como emociones neutras, puesto que no provocan ni emociones negativas ni positivas, ni saludables ni no saludables.
Algunos autores también han hecho referencia a las emociones estáticas. Son aquellas que se producen gracias a distintas manifestaciones artísticas, como por ejemplo: la música o la pintura.
Las emociones sociales no se refieren a las emociones culturalmente aprendidas, sino que es necesario que haya otra persona presente o de lo contrario no pueden aflorar. Por ejemplo, la venganza, la gratitud, el orgullo o la admiración, son emociones que sentimos respecto a otros individuos.
Las emociones instrumentales son aquellas que tienen como fin u objetivo la manipulación o el propósito de lograr algo. Son complicadas de reconocer porque puede parecer que sean naturales. Sin embargo, son emociones forzadas y esconden una intención.
La inteligencia emocional es un término que se hizo famoso gracias a Daniel Goleman, y desde entonces muchas investigaciones han afirmado que es positiva no sólo para nuestra vida cotidiana, sino que en el trabajo, el deporte e incluso la educación, es altamente eficaz y aporta muchos beneficios para el rendimiento.
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